2 de junio de 2012

Dos textos sobre Illya Kuryaki and the Valderramas



Nada. Existe una realidad paralela en donde sigo siendo niño y sigo escuchando ese disco Chaco sagradamente, encerrado en mi pieza, tratando de transcribir sus letras en un cuaderno, para luego cantarlas/rapearlas imitando la forma en que se movían los Illya Kuryaki and the Valderramas en los videos. En ese mundo alternativo, ellos no se separan aún, no están durante 10 años trabajando proyectos personales para luego re-juntarse y re-encontrarse con sus fans algo cambiados por los años. En fin, eso sí sucede en este espacio real, así que comparto dos textos que escribí sobre estos ninjas mentales: el primero a raíz de su retorno, el segundo a partir de su show en el pasado Lollapalooza. Ambos de paniko.cl.


IKV: EL REGRESO DE LOS NINJAS AFROSUDACAS

A propósito de la visita de Illya Kuryaki and the Valderramas, en el próximo Lollapalooza, una columna que despierta todo lo que es la memoria emotiva.

Era el 28 de junio de 1996, no existían los streamings ni twitter, aunque suene absurdo, las cosas eran distintas a como son ahora, y yo me disponía a asistir al que sería mi primer concierto. Tenía 14 años y mi tía que a pesar de su edad, mantenía un espíritu juvenil imbatible, me acompañaba al concierto de los intérpretes de esa canción rarísima que había sonado como un mantra eterno en las radios: Illya Kuryaki and the Valderramas visitaba nuestro país por primera vez.

La canción era “Abarájame”, que uno cantaba en realidad sin entender mucho, porque estaba escrita en un spanglish imaginario que el grupo argentino, los Illya Kuryaki, había perfeccionado con los años y consagrado en un video maravilloso, que hace algunos meses rotaba en MTV, en donde se mezclaban chicanos, artes marciales, películas de acción de los ochentas y mujeres delgadísimas en bikini. “Mi nombre es Cooler O Connor…”.



Unas semanas antes, yo había anotado la letra de “Abarajame” en un cuaderno, rebobinando una y otra vez “Chaco”, el casete que recién me habían regalado para mi cumpleaños, inventando aquellas frases que no lograba descifrar del todo. Y al otro día, en el recreo, la canté frente a unos amigos, y como estábamos en el patio, otros niños y niñas comenzaron a reunirse en torno a mí, y seguían el ritmo con sus palmas. Fue una tarde maravillosa que me hizo subir el autoestima a las nubes por un rato.

Era extraño también, porque la dupla conformada por Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur, tenían ya tres discos, eran los últimos emisarios de una estirpe celestial dentro del rock argentino, sus genes estaban cargados de partituras, y venían de grabar su Unplugged para la famosa cadena de videos -que en esos tiempos intercalaba videos de los mejores grupos de rock latinoamericano con presentadoras hermosas que hablaban raro y especiales sobre la guerrilla zapatista, años en que el Sub Comandante Marcos parecía un vj más del canal de cable-, pero en nuestro país todo eso lo veníamos descubriendo recién. Acá todo lo que sabíamos de IKV era “Abarajame”, solo una canción los llevó esa noche a extender una importante fila a la espera de entrar al Teatro Monumental.

Los contextos ayudaban a entender un poco más: ese año la palabra “funky” marcaba un terreno bien definido entre los adolescentes. El grupo Los Tetas –un inevitable símil local de los IKV– habían hecho de las suyas, así como Chancho en Piedra y Los Morton, y se veía el nacimiento de un nuevo nicho musical que nunca dio para tribu urbana, en que sus seguidores dejaban de lavarse el cabello y se subían los tirantes de la mochila hasta casi quebrar sus hombros.

Días antes, Los Tetas habían declarado que no talonearían a los Kuryaki porque se consideraban a un mismo nivel, pero que sí subirían al escenario a cantar con ellos en algún momento del show, como si quisieran fundar una hermandad funk.

Sentado ya en las butacas del teatro, mi tía había ido a comprar Coca Cola, mientras mis nervios no daban más: como si fuera conciente de que esa noche debutaba en un campo de batalla que no abandonaría jamás, el asistir a conciertos sería algo así como un oficio por el resto de mi vida.

“Chaco”, como todo lo que hacía Illya Kuryaki, respondía más bien a obsesiones juveniles. Un disco que renovaba todo. Desde cómo componer estructuralmente una canción, pasando por los acordes y sonidos que la conforman, hasta sus letras. Porque muchas veces esas canciones hablaban desde un planeta que no existía, una anomalía que respondía a los vicios de una generación que consumió demasiada televisión, discos de rap y películas de bajo presupuesto.

Con el tiempo, descubrí que tenían buenos discos previos. “Fabrico Cuero” y “Horno para Calentar los Mares” eran trabajos divertidos e inquietos, grabados por dos niños genios o demasiado concientes de su herencia. Con más tiempo, vi que también fueron buenos discos los que vendrían: las joyas sonoras que son “Versus” y “Leche”, trabajos maduros, hiperproducidos que repuntaron a IKV a un buen posicionamiento dentro de las bandas latinoamericanas consagradas.

Esa noche el concierto estuvo de lujo, los argentinos mostraron casi íntegro su disco “Chaco”, hubo un segmento adelanto de lo que sería su unplugged y terminaron improvisando con Los Tetas y con lo que después se conocería como Tiro de Gracia. Hormonas adolescentes vueltas locas, músicos de torso desnudo, saltos, rap blanco y latino. Todo lo que un chico de mi edad pudo pedir. Mi tía me miraba orgullosa de haber comprado esa entrada, y me comentaba que algunas canciones le sonaban a Fito Páez, a Luís Alberto Spinetta y a Sui Generis, y yo le dije que tenía razón.

Ellos volvieron un par de veces más, casi siempre a presentar sus discos. Incluso en un festival de un helado que ya ni sé si sigue existiendo, se agarraron a escupos con los fans de Marilyn Manson y les suplicaron dejar de robarle el maqullaje a sus mamis.

Hace algunas semanas, en este mundo distinto en el que habito ahora, pude ver el regreso, vía stream y comentando por twitter, de Dante y Emmanuel, tras 10 años separados como banda. 10 años que no se han extrañado tanto, dado a que ambos mantienen exitosas e interesantes carreras solistas, y que esperamos no se congelen con este revival. Obviando la ausencia de sus melenas largas y cuidadas, los IKV parecían haberse mantenido congelados en el tiempo, eran los mismos flacos bailarines, y ahí estaban esas fantasías por escrito que nos hablaban de culos irresistibles, geishas latinas, kung fú, mafiosos, indios y música que te traslada a otros planetas. IKV había vuelto y por un segundo, parecían no haberse ido nunca.

Nota original

ORGÍA FUNK


Los embajadores argentinos de la república del funk, en realidad son mucho más que eso. Desde sus inicios, IKV se mostró como un dúo de espíritu adolescente y una sed profesional por el descubrimiento y la experimentación que, al igual que la mayoría de las grandes bandas trasandinas de hoy, dieron sus primeros pasos en la primera era de Menem.

foto: Eleonora Aldea / paniko.cl

Para entonces, el mapa sonoro de Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur era apenas un papel en blanco llenándose de líneas negras y blancas: mestizas. Así, por su repertorio comenzaron a pasearse baladas de guitarras acústicas, violines y acordes disonantes, muy marcadas por la herencia del padre de Dante; como también una postura a lo Beastie Boys para enfrentar el hard core con el hip hop. Por supuesto, su mundo era una ficción creada a partir de tardes de televisión y discos traídos de afuera. En este sentido, el encuentro de IKV con el funk fue posterior a su éxito. Si bien en “Chaco” el funk estaba presente en las líneas de bajo, no es sino hasta “Versus” que IKV se suma a una tendencia que se daba en América Latina junto a bandas como Los Tetas en Chile o Los Amigos Invisibles de Venezuela.

Es la época de mayor éxito de IKV, época de las giras y de la participación en grandes festivales, y es por eso que no extraña mayormente que se centren en ella en estos conciertos de reunión. Todo se inicia como hace 10 años atrás: con las secuencias del tema “Chaco”, y con Dante y Emmanuel contorsionándose, hipersexualizándolo todo, gritando y haciendo algo parecido al rap (otro de sus inventos).

Le sigue “Jaguar House” y ya las señoritas comienzan a acercarse al escenario, haciendo sensuales movimientos de caderas, levantando los brazos y llenado de piropos a los dos vocalistas, ahora con guitarras ambos, en escena. De pronto uno piensa, entre tanta pierna desnuda, que justamente la gracia de los IKV es esa: es una banda que apela a la testosterna, con particular atención en la testosterona femenina: ellas bailan mientras ellos cantan sobre sodomizarlas, con movimientos pélvicos y bromas de Horvilleur en donde confiesa haber participado en una orgía con las coristas de Björk.

Ellos tienen esto bien claro. Por eso es que la inédita “Funky Futurista” que han mostrado en estos conciertos 2011/2012, tiene mucho de lo que uno se acostumbró a escuchar de ellos: un funk muy a lo Parliament Funkadelic, pero con timbres más actuales, muy al estilo de su disco “Leche”, pero que en mitad de la canción nos sorprende y hace un cambio de ritmo radical y la canción parece aún más actual, sonando incluso como esos remixes de Calvin Harris o David Guetta. ¿Es esto funk? En parte sí, pero los Kuryaki –y es costumbre– bombardean con tanta información que son capaces de re-definir todo lo que se les pase por en frente.

Con una banda sólida que hasta incluye coristas, los IKV se dan sus gustos: improvisan, tocan canciones como “Virgen de Riñas” de su segundo disco “Horno para Calentar los Mares”, u “Otro que Muerde el Polvo” la revisión del tema de “Another One Bites de Dust” del disco tributo latino a Queen, que por estos lados fue la canción central de una de las teleseries más patéticas que se hayan hecho en nuestro país.

Los Kuryaki se ven bien, parece como si nunca se hubieran separado. Como si Horvilleur no hubiera sacado 5 discos ya sin esta banda, en donde buscó la ecuación perfecta para hacer canciones, dejando la música negra de lado para pasarse al pop militante. Como si Dante, por su parte, no hubiera sacado ya tres discos solista, en donde ya se vestía completo del hip hop más actual. La gente, que llenó el Alternative Stage, se lo agradece: baila sus temas, dedica el olé olé olé, flaco, flaco, al recientemente fallecido Luis Alberto Spinetta, responde a los mensajes en apoyo a los familiares de Daniel Zamudio –una tónica dentro de este Lollapalooza– y entra en frenesí con el cierre del show a cargo de “Coolo”, “Remisero” en una versión violenta y “Abarajame” más rápida que lo normal y con la participación especial de C-Funk de Los Tetas.

Lollapalooza juega con el tema de la nostalgia, convoca a un público con reciente poder adquisitivo que quiere recordar sus años de infancia. En este sentido, IKV estaba calado. No decepciona ni un segundo. Pero lo que es mejor, se retiran dejando la promesa de hacer un nuevo disco y que sigamos disfrutando de estos ninjas sonoros como lo hicimos en nuestros tiempos más felices.

Link original


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1 de junio de 2012

Bersuit: los sobrevivientes de una fiesta

Recuerdo la primera vez que supe de Bersuit. Claro, MTV, no podía ser de otra forma. Pasaron su video de "Tomo", durante la tarde, seguramente entre videos de Spice Girls y All Saints, que rotaban frecuentemente por esas fechas. A pesar de tener ese comienzo de rock, la banda sudaba sin verguenza su gusto por la cumbia y la cultura popular, al mismo tiempo que se burlaba de la televisión que apunta, justamente, las clases sociales más populares. En fin, de ahí que sigo a los Bersuit que, sin el pelado Cordera, pasaron por Chile hace algunos días para presentar su nuevo disco "La Revuelta", que no está nada de mal. Acá lo que escribí para paniko.cl.
El pasado viernes 11 de mayo, Bersuit tocó en el Club Chocolate de Bellavista con el fin de presentar en vivo su disco “La Revuelta”, una excusa para celebrar que siguen juntos a pesar de la partida de su vocalista Gustavo Cordera.
No sé si he visto antes a Bersuit tocando en un local pequeño como este, pienso al entrar al Club Chocolate. Definitivamente no, me confirmo, recordando las últimas veces en el Caupolicán y en la ex Cárcel en Valparaíso. Sobre el mismo Valpo, alguna vez se rumoreó que Bersuit podría cerrar los Carnavales Culturales del año 2005, habría sido grandioso, pero me parecía demasiado extraño el rumor.

Porque la banda que hoy sobrevive a la partida de su carismático vocalista, Gustavo Cordera, jamás fue una banda masiva en Chile, a diferencia de sus predecesoras –¿los Decadentes, Los Piojos, los Pericos, los Cadillacs?–, porque la Bersuit Vergarabat –como la conocí yo– siempre fue la re-versión más intelectual de todos ellos. Porque en su etapa más conocida, la de su internacionalización, la de Santaolalla y MTV Latinoamérica, logró tomar la ética y estética de los barrios argentinos, tal como el Avellaneda que los vio nacer, a punta de tradición callejera argentina y murga, cumbia, candombe, rock, tango y folklore. Al mismo tiempo que se convertían en la agrupación trasandina capaz de hacerse cargo de la era Ménem –incluyendo ese tema, “Señor Cobranza”, que le pidieron prestado a Las Manos de Filippi y que se tardaron más de la cuenta en devolverles–.

El show de Bersuit transcurre más o menos como uno se lo espera: es una tremenda banda en vivo, buenos músicos, mucho coqueteo con la audiencia desde un comienzo entregada, y canciones que ya son stickers en nuestra frágil memoria, mucha polera arriba, saltitos, piscolas voladoras y los cantitos robados del dvd en vivo de la banda -olé olé, olé olé olá, de la cabeza con Bersuit Vergarabat-, todo un clima perfecto para esa cosa de creerse argentinos que tanto le gusta al rockero y pelotero chileno.

Suenan “Vuelos”, “Perro Amor Explota”, “Esperando el Impacto”, “Un Pacto” esos clásicos universitarios que nos hacen pensar que Bersuit es un grupo de baladas épicas; pero también suena “La Petisita Culona” y suben a chicas al escenario –como hacían antes con “Hociquito de Ratón”– dispuestas a dejarlo todo bailando, una violenta versión de “Tomo” y “El Estallido” y todo rompe en fiesta.

Esta fiesta tiene como excusa evidente que Bersuit puede seguir llamándose Bersuit, después de las trabas legales con su pelado ex vocalista, en donde algunos de sus miembros formaron “De Bueyes”, un proyecto que mucho no resultó, y generando esas peleas que tanto se parecen a las de los matrimonios que se separan. Pero, además, Bersuit toca esta noche para presentar su nuevo disco, La Revuelta, un disco que no está nada de mal, que sigue demostrando que son unos compositores grossos a pesar de interpretar solo un par de temas de la placa. Nueva etapa que les ha llevado a la curiosa decisión de ascender a frontmen a sus coristas Dani Suárez y Germán “Cóndor” Sbarbatti, dándoles un sonido más de barra, como un coro continuo, que en todo caso siempre tuvieron, pero que además en este show en particular los tiene, por alguna razón, tocando sin el guitarrista Tito Valenzuela, usando un reemplazo en su lugar.

Al terminar, la gente queda extrañando ciertos temas que pedían con clamor: “Murguita del Sur” y “Mi Caramelo” entre ellos, entendiendo quizás el vacío de Cordera. Porque Bersuit perdió al alma de la fiesta -más allá de lo odioso que se haya vuelto- y que eso no los haya desarmado siempre será un acto digno de admirar, que no solo hayan sobrevivido a los desastres de los 90 y los 00, sino que también a sus propias catástrofes.

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Parra según El Mercurio o El Mercurio según Parra



Hace unas semanas apareció “Así Habló Parra en El Mercurio”, un volumen recopila precisamente eso: distintas entrevistas, por distintos periodistas y en distintos momentos, en los que el antipoeta fue consultado por el periódico, conformando una arista particular sobre el imaginario parriano -o párrico como diría Diamela-. Esto fue lo que escribí para paniko.cl.

Una vez más es el año de Nicanor Parra, una vez más hay consenso en que ha sido si no el mejor, al menos el más divertido y emblemático poeta chileno, el que más curiosidad y atracción despierta entre los habitantes de este país, una vez más la prensa pone sus ojos sobre él y se vive una suerte de parrificación del panorama cultural de Chile.

El premio Cervantes, sus declaraciones al respecto y esa curiosa decisión de no asistir personalmente a la ceremonia en España porque el avión podría caerse (sí decide, en cambio, enviar a su hija y nieto), han hecho aparecer una serie de entrevistas en medios nacionales e internacionales, todas ellas bajo el mismo –y tramposo– encabezado: Parra no da entrevistas. Una absoluta mentira, porque el poeta no solo las da, sino que se preocupa sobre cuál será el medio y quién será el periodista que la realice, frente a quienes juega, divaga, pone en escena la otra cara de los artefactos antipoéticos: sus declaraciones en prensa.

En este mismo camino, en “Así Habló Parra en El Mercurio”, la periodista y subeditora del “Artes y Letras”, María Teresa Cárdenas, ha realizado una interesante recopilación de las distintas entrevistas que se le han hecho a Parra en los últimos 40 años en el medio de los Edwards, revisando distintas aristas, en las que sobresalen una suerte de explicación del episodio vivido con la señora de Nixon, su particular mitología familiar, el Nobel, la literatura, su casa en Las Cruces y la identidad nacional.

 Con textos firmados por la misma María Teresa Cárdenas, Carlos Peña y Malú Sierra entre otros, en el libro además de las entrevistas, suma las distintas manifestaciones del autor de Obra Gruesa, como sus poemas, artefactos y cartas, publicadas por el periódico a lo largo de los años, logrando un particular y divertido imaginario parriano. En estas páginas, Parra hace lo que quiere con sus entrevistadores y con el diario, logrando conducir la entrevista por donde quiere, jugando, coqueteando, logrando una mirada sumamente inteligente sobre las cosas del mundo. Que Parra no es un poeta, es un superhéroe o una celebridad.

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31 de mayo de 2012

Demian Rodríguez, perdido entre puertos



Original de Paniko.cl // Nacido en San Antonio pero radicado en Valparaíso, Demian Rodríguez tocó en cuanto bar se le cruzó por delante. Hoy nos presenta su disco debut: Santos Inéditos. Conversamos con él en el puerto sobre música, sobre su disco y sobre personas anónimas.

Es probable que a la mitad de los artistas porteños se les haya entrevistado en la Plaza Aníbal Pinto, ese corazón luminoso y frenético de Valparaíso. Es probable que decir “la mitad” nos quede corto y que en realidad todo porteño debería ser entrevistado algún día en esa zona. Es probable que muchos de ellos, los artistas, los músicos, los grafiteros, los escritores, vean en esa placita pequeña, rodeada de estatuas, librerías, edificios, negocios y paraderos de micro, la posibilidad de vivir, aunque sea a medias, de su producción artística, en medio de las borracheras, los vendedores de artesanías y hamburguesas de soya, y la tropa de Fuerzas Especiales que se instalan en las noches.

Es por eso que cuando Demian Rodríguez dice que caminemos, que nos sentemos en uno de los ventanales –cerrados– del mítico Restaurant Cinzano, no parece raro. Como tampoco parece raro que un tipo le ponga una grabadora en frente y le haga preguntas, en medio de los curiosos que pasan, dan una mirada y siguen caminando.

Demian Rodríguez es Demian por el libro de Herman Hesse y Rodríguez por Manuel, el guerrillero. Según su carnet es Pedro Silva González, un sanantonino perdido en otro puerto. Hay más con los libros: “Últimamente he estado bien flojo para leer pero, aparte de de Hesse, me gustan harto Vicente Huidobro y Rimbaud” confiesa. Y hay más con San Antonio: “Me fui de allá con mi familia, porque había muy poca pega en San Antonio. Nos fuimos a Rancagua, y armé una banda de rock fusión que se llamaba Samsara y con la que llegamos a tocar en Santiago con bandas como Teleradio Donoso y Sol y Lluvia” declara. Evidenciando que eso fue un comienzo de algo, de su historia con la música y con el tránsito. “Nos fue bien, pero fue piola. La banda se diluyó y yo me vine a Valparaíso“.

De eso, ya han pasado tres años. Al llegar, Demian siguió la ruta que lo emparenta con otros sanantoninos que llegaron un poco antes: tocar en bares y en las calles del puerto.

¿Qué tal el paso de los escenarios, con una banda, a enfrentarse a la gente en las calles?
—Fue difícil, pero venía con ganas de tocar, no me importaba si me escuchaban o no. De ahí de a poco empiezan a sumarse ciertas aspiraciones. En esa época tampoco me interesaba si lo estaba haciendo bien o mal, quería tocar. Estaba cagao de hambre, de un hambre artístico. Aparte me enamoré de Valparaíso, de la arquitectura y de los amigos.

Conviviste con el auge del folk, ¿no? Con Chinoy, con Kaskivano…
—Sí, pero yo no tocaba con los chiquillos al principio, nos juntábamos a hacer cualquier cosa menos a tocar.

¿Pero los conocías de San Antonio? 
—Sí, po. Nos conocemos de hace rato, al menos con Marcelo, el Kaskivano. Con Chinoy nos conocimos más acá. Pero fue bonito porque hicimos amistad más allá del escenario y de a poco me fueron invitando a tocatas y se fueron entrelazando cosas.
Santos Inéditos

“Yo no quería tocar a guitarra pelá” confiesa. “Empecé a hacerlo porque no tenía otra alternativa, no conocía a gente y no tenía banda“. Dice esto porque ahora hablamos de Santos Inéditos, su primer disco (escuchable allá arriba, descargable acá). En el cual, Rodríguez se hace acompañar con una banda tradicional: bajo, guitarras, teclados, baterías, disco que grabó gracias a un fondart y editó bajo el porteño sello Música del Sur, compartiendo catálogo con músicos como Chinoy y Pascuala Ilabaca. Producido por Lautaro Rodríguez (otro seudónimo, nada de parentescos), la placa es una revisión del melodrama de la música popular, devenido a crónica sobre ciudadanos mínimos, en donde su sentida y privilegiada voz se funde con auras tipo Ángeles Negros o Álvaro Henríquez. Que no le molestan las comparaciones dirá al terminar la entrevista.

Te conocimos tocando con guitarra de palo, sobre las rodillas, ¿por qué optaste por grabar el disco con una banda? 
—Porque las canciones se habían pensado así, desde que estaba trabajándolas en el papel. Así las escuchaba y no podía ser de otra manera. Todas las canciones son como tenían que ser. Quizá pude ser un poco más prolijo en el disco, pero respeté la idea original. Lautaro Rodríguez, además fue un buen traductor de mi música, fue un muy buen productor. Se dio muy buena onda en la grabación. A veces, habían músicos que no conocía mucho y el disco salió así, con algunas canciones que fueron ensayadas tres o cuatro veces, no más. Me gusta que haya sido así.

Hablabas de escribir canciones en papel. ¿Qué pensabas frente a ese papel, cuando armabas este disco? 
—Me inspiré en una película de El Greco, el pintor (El Greco de Yannis Smaragdis), vi que buscaba gente mundana y como que la santificaba, ¿no?. De ahí viene Santos Inéditos, de bendecir a la gente normal en una canción, gente del campo, gente de la ciudad.

Escuchando las letras, además, uno se mete en cierta tragedia cotidiana, en personajes medios tristes a los que tu llamas a rebelarse y revelarse.
—Claro, es como estar en el patio de los leprosos pero con todos bailando, así no estái triste. Ese es el santo inédito, es algo que les sucede a todos, que en cada minuto estamos mirando pal lado y te sentís reflejado.

En el disco hay baladas, algo de música cabaret, folk, rock… en el fondo es música popular ¿Cómo ha sido tu relación con la música? 
—En mi casa siempre hubo música, acordeón, por ejemplo, o guitarra de 12 cuerdas. En casa se hacía canto a lo humano y lo divino. Mi mamá viajó con su grupo folkórico. Todo fue tan natural y tan hermoso porque los primeros cantantes que escuché fue a mis abuelos y a mis tíos. Después, uno que me gustó mucho fue Vicente Fernández, por ejemplo, en ese sentido, siempre fue súper popular mi relación con la música, después escuché a los Beatles y rayé la papa con Los Ángeles Negros, pero no sé qué quiere conmigo esta energía. No sé pa dónde va la micro de un disco a otro. Las canciones me salen y no sé cómo las hice. No soy mucho de pensar ya, vamos pa allá, porque allá está la música popular.

Tocas harto en bares, como amenizando el ambiente, ¿qué tal esa experiencia? 
—Es incómodo porque cuando estái cantando en un bar, la gente no te escucha mucho, sobretodo cuando no paga una entrada. No hay una cultura de respeto hacia el hombre que está cantando. Lo cómodo es que estái como bailando con la muerte. Porque cuando uno se siente podrido, muerto, uno se aferra a algo y salís como volando. En un bar es lo mismo, no te escuchan, pero estái cantando con tu guitarra y pasándolo bien.

¿Y, después del disco, tocarás con banda o seguirás tocando solo? 
—Me gusta tocar solo ahora, pero también me gusta cambiarme de guitarra acústica a eléctrica. Incluso cantar a capella, como en un tema en el disco (“Ojos de Miel”). Me gusta abrirme a todo lo que sea posible.

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20 de marzo de 2012

Los universos de la memoria



Rituales de pendejo. Siempre dije que los comics me salvaron la vida. Que en ellos aprendí filosofía, ciencia, historia, teoría cuántica, amor, odio, justicia, inglés y cultura general. Eran ellos una enciclopedia pop, pequeña y en serie, que disfrazada de superhéroes y adolescentes, superaban a cualquier profesor del colegio, dispuesto a castigarte y humillarte. De ahí que tengo esos recuerdos, de constante peregrinación de un kiosko a otro. En busca de esos ejemplares de La Patrulla Condenada, del Escuadrón Suicida, de la Legión de Superhéroes, del Captain Atom, de Animal Man, de Booster Gold y Blue Beetle, de la Liga de la Justicia, por supuesto Superman, Batman (aunque los compraba en menor medida) y cuanta catástrofe universal/multiversal sucediera en esas páginas.

24 de febrero de 2012

El Diario de Maliki: el comic como vida

Original de paniko.cl



Cuando hace algunos años aparecieron las crónicas de Maliki 4 Ojos en el The Clinic, su autora, Marcela Trujillo, llamó la atención por tres cosas: 1) su dibujo ultradetallado que incluso le llevó a autoretratar su propia vagina. 2) la saturación de texto que acompañaba las a veces escasas ilustraciones. 3) la opción por llamarlas “crónicas”, torciendo el formato tradicional de éstas. Tres puntos que se consolidan, de una u otra forma, en este “Diario Íntimo de Maliki 4 Ojos”.

9 de febrero de 2012

Descarga "Danza Macabra" de Matilde Calavera

Las expectativas y aspiraciones que tenemos con Matilde Calavera siempre han sido extrañísimas. Pero bueno, ya tenemos listo el 2° trabajo en lo que va en estos 5 años distorsionando la música tropical, así que acá les dejo el link para que escuchen y descarguen "Danza Macabra".



8 de febrero de 2012

El país que no fue

Original de Rolling Stone, diciembre de 2011.


El debut narrativo de Simón Soto, "Cielo Negro" es una agresiva sátira a nuestra historia reciente.

10 de enero de 2012

Algunas cosas sobre "Canciones Punk"



La chica en la foto es Shakey Sue, la vocalista de la banda de horror punk y psychobilly melódico The Hellfreaks, una banda de Hungría que he estado escuchando por estos días. Días de verano, con el sol estampado en la espalda. Aprovechando, me pongo al día con algunas cosas que han aparecido sobre "Canciones Punk para Señoritas Autodestructivas".

26 de diciembre de 2011

La última esperanza del comic chileno

Y bueno, se acabó Rolling Stone Chile, fueron breves pero entretenidos meses escribiendo de libros en aquella bonita revista -se va a ver grosso en la bio, siempre-. Los agradecimientos y el aguante a todo el equipo que participó en la revista. Voy a ponerme al día con los textos que salieron publicados, y les dejo éste que fue el central de este mes, la última Rolling chilena, que aún está en kioskos.


“El karma se pega a las paredes. A la memoria. A las fotografías” dice alguien, mientras una brigada policial, armada hasta los dientes, se dispone a realizar un allanamiento. La imagen resulta crucial para entender lo que está sucediendo: Renato Carranza es el peor sicópata de la historia de Chile, 33 niñas de familias acomodadas fueron asesinadas brutalmente por él y sus cuerpos fueron devueltos, abandonados por el país, de las formas más siniestras que la imaginación humana puede soportar, comprobando el grado de su distorsión mental pero, al mismo tiempo, convirtiendo a las niñas en parte de un juego tan esotérico como secreto que solo él conoce. Un ajedrez mutante y perverso. Ahora, esos policías lo buscan para darle un castigo del que jamás podrá escapar, ni siquiera después de muerto.

Hidalgo TV

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